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LA CULTURA COMO BÁLSAMO (2)

La reflexión antropológica y sociológica sobre lo que nos está sucediendo de manera global, va a desembocar en una nueva cultura, una nueva civilización, si tenemos en cuenta las enseñanzas que se desprenden de ella. La palabra crisis viene del griego y significa cambio, revisión.

Maria Molina León (@mmolinaleon)

Un mapa de 1942 con los océanos como centro del planeta

El sociólogo italiano Francesco Morace ha llamado a lo que nos pasa “el virus del contrapaso” hace unos días, parafraseando a Dante, y planteándonos una serie de paradojas. En la Divina Comedia, Bertran de Born es uno de los pocos personajes que explica por sí solo el propio contrapaso: él sembró discordia dividiendo un padre de su hijo, ahora su cuerpo está dividido en dos pedazos. El contrapaso puede ser de analogía o de antítesis. Por eso, analiza de esta forma nuestra situación hoy en día con la emergencia sanitaria: “Desciende el respirar pero mejora calidad del aire. Recluye en casa a la familia pero vuelve a dar a los padres la calidad de educadores. Ridiculiza la inteligencia artificial vengándose de ella el mundo animal más selvático. Penaliza el contacto físico demostrando su insustituibilidad. Elimina los excesos dando fuerza a lo esencial. Favorece el smartworking aclarando los límites de smartness. Elimina coartadas masculinas igualando los roles domésticos. Aísla a las personas indicando la necesidad de reciprocidad. Desarma la discriminación selectiva alimentando la consciencia sistémica. No creo en el castigo bíblico, pero Dante era un genio” (traducción mía y libre).

Quizá nuestro estado de bienestar nos hacía creer en el espejismo o en la “la ilusión de que vivir es indoloro” (Jorge Drexler, Soledad); o temerariamente nos acostumbramos a vivir como si pretendidamente la humanidad fuera ya adulta o madura, ecuánime y equilibrada, armónica por dentro y por fuera. Pone en entredicho algo que apreciamos mucho: nuestra salud, la de nuestros familiares, de la comunidad; nuestra libertad. Es un golpe a la integridad de nuestro sistema de vida y de consumo. Su impacto devastador cambiará nuestros comportamientos y reforzará valores que no los teníamos como prioridad.

En la bonanza del comienzo del año 2020 nos dimos cuenta con la pandemia de que todo se podía venir abajo estrepitosamente, y hoy estamos luchando contra el coronavirus de manera mundial y contrarreloj. Ya hubo epidemias letales: las diferentes oleadas de peste en la Edad Media que daría pie a Igmar Bergman a retratar la partida de ajedrez con la muerte o a Tarkovsky en su relato sobre el pintor de iconos Andrei Rublev o a Singrid Unsedt en la saga de la novela Kristina Lavransdatter; la viruela en Mesoamérica en 1520 que retrata con tintes apocalípticos Bernardino de Sahagún en el Códice Florentino (escrito entre 1540-1585); o de nuevo La peste de Camus.

Algo demasiado importante nos está haciendo cambiar de paradigmas cuando vemos que grandes marcas y multinacionales como Louis Vuitton hace geles de alcohol gratis aprovechando su infraestructura de perfumería. O que Inditex dona 300.000 mascarillas quirúrgicas y fabricará material sanitario contra el coronavirus, adelantando que todo trabajador tendrá a salvo su puesto de trabajo. Empresas empáticas con sus trabajadores y socialmente responsables e implicadas en las necesidades de la comunidad y no en el propio beneficio.

Aquí el comunicado de Inditex hoy:



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